yo.............. tu............. el............ nosotros........... vosotros............. ellos............ tenemos doble cara... ni absoluto ni objetivo. ArteZeta Lado B AZ2010

martes, 12 de octubre de 2010

Una red poco social


“Red Social” llega a los cines y nos cuenta la historia de Facebook, y del alto precio que se paga por hacer 500 millones de amigos.

“No haces 500 millones de amigos sin hacer algunos enemigos”. Así reza el afiche de “Red Social” (The Social Network), la película que revela la historia detrás de la creación de Facebook, la red social más grande mundo. Esa frase resuena a lo largo del film dirigido por David Fincher (El Club de la Pelea), y protagonizado por Jesse Eisenberg (Zombieland) y Justin Timberlake.

La película se estrenó el primero de este mes en los Estados Unidos y ha recogido muy buenas críticas, sobre todo por la manera dinámica en que Fincher y Aaron Sorkin (guionista) han logrado narrar la historia de Mark Zuckerberg, el creador de Facebook. “Red Social tiene el potencial de ser esa rareza cinematográfica que recoge loas de la crítica y posibles premiaciones y aún así, es un éxito de taquilla”, resume brillantemente Kirk Honeycutt, crítico de cine para el Hollywood Reporter. “A pesar de lo complicado del lenguaje de programación, las estrategias de negocios y las complejas finanzas, el guión de Sorkin lo aclara todo, y nos permite seguir la historia más que ser arrastrados por la misma”, define Roger Ebert, el crítico de cine más reconocido de Estados Unidos.

Mark Zuckerberg es un estudiante de la Universidad de Harvard que, más hábil para relacionarse con códigos de programación que con su novia, es abandonado por ella, y en un rapto de furia y ebriedad hackea la base de datos de la universidad para robar las fotos de las estudiantes, y luego crea un sitio de Internet para que el resto de la universidad cuál es la más bella. A pesar de la reprimenda de las autoridades de Harvard, el suceso generado por el sitio es tal que hace colapsar los servidores de la universidad. Es así como nace Facebook, y también como las ansias de poder, fama, miles de millones de dólares enfrentan a amigos y enemigos de Zuckerberg por la idea original del proyecto.

“Red Social” llegará a los cines nacionales a finales de este mes, y presenta la oportunidad de analizar cuáles son los alcances de un fenómeno todavía en expansión.

Nota: Martín Barraco


sábado, 9 de octubre de 2010

Princesa rusa

Regina Spektor hizo dos presentaciones en el Gran Rex en el marco de la gira de Far, su reciente disco. Aquí la crónica del recital del jueves.

Semana agitadísima para los amantes de la música. El sábado, como entrada estuvo la Noche Dorada Espacial. Para algunos el plato principal fue el martes con Incubus en el Luna, para otros fue el miércoles con los Pixies en el mismo lugar. Y como frutilla del postre, Regina Spektor en el Gran Rex en una hermosa noche de jueves.

En un teatro lleno y pasadas las 22, Regina Spektor, una hermosa muchacha de 30 años, nacida en Moscú y que ya tiene cinco discos de estudio, salió al escenario para hacer su segunda presentación en esta primera visita a nuestro país. Apareció detrás de sus tres músicos: un baterista, que asombró a todos por sus redobles y su técnica, un cellista y un violinista que la acompañaron en la mayoría de los temas. Tenía un hermoso vestido largo y con solamente saludar, enamoró a todos. Un dato a tener en cuenta: Regina nunca presentó a su banda. Se le habrá escapado. Luego de unas sonrisas muy tímidas, se sentó en su piano y cuando todos esperaban el comienzo con “The Calculation”, tema que abre su último disco editado el año pasado y titulado Far, la primera sorpresa de la noche fue escuchar como inicio del concierto la intro del tema “Folding Chair”. Llamó la atención porque el miércoles Regina había empezado con “The Calculation” y el jueves ni lo tocó. Raro, pero nada de qué para alarmarse, porque el recital no iba a depender de ese tema ni mucho menos. De lo que sí iba a depender es de su voz. Porque Regina no estaba bien de la voz, ya lo había comunicado en su Facebook y se encargó de decirlo después de “Eat”, segundo tema del recital. Por eso tenía al lado del piano tres botellas de agua y una taza de té, que luego de “Blue Lips” se volcó encima.

No pasó nada, ella siguió con “Sailor Song”, uno de los temas más festejados de la noche, y con “Machine”, donde se la oyó muy segura y muy confiada, con una banda que la siguió de un modo muy prolijo. Pero luego del tema sí tuvo que parar unos segundos. Agradeció, sonrió y dijo “estoy toda mojada con té. Es la segunda vez que me mojo en el día, primero con la lluvia y ahora con té”. Todo el público se rió, la aplaudió y le acercaron un trapo para secar la silla y que ella se secara un poco. La pregunta que todos se hacían en ese momento era la siguiente: “si está mal de la garganta y canta así de perfecto, cómo será cuándo está bien de la voz”. Porque se la escuchaba intacta, dulce y pura como en sus discos, o mejor. Era tiempo de seguir. Dos maravillosas canciones de ese último disco como “Laughing With” y “One More Time With Feeling”, fueron la perfecta excusa para continuar como si nada hubiese pasado. Entre cada canción, la gente le gritaba su amor por ella pero aclaró que no entendía una palabra de lo que le estaban diciendo y prometió que para la próxima vez iba a aprenderse algunas palabras en español. Se rió con la sensibilidad que la caracteriza y continuó con dos canciones que llenaron de aplausos a los músicos, “Better” y “On the Radio”. En este último tema que pertenece a su anterior disco, Begin to Hope (2006), producción que la terminó de meter en las radios y canales musicales de todo el mundo, encantó al público con los maravillosos falsetes que hace con la voz, esos que tanto gusta escuchar en sus discos y que en vivo, pese a su timidez, no se privó de hacer.

Hubo una confusión entre la banda y el público por unos segundos no entendió mucho qué estaba pasando. Regina les hacía gestos a sus músicos y empezó a tocar la hermosa “Two Birds”. Esos gestos que ella hacía con las manos hacia sus músicos eran de pájaros volando. Una grossa. Luego de otro tema de su último disco, “Dance Anthem Of The 80's” los músicos se retiraron y dejaron a Regina sola en el escenario. Ella agarró su guitarra y tocó un tema poco conocido como “Bobbing For Apples” y una genial versión de “That Time”. Dejó su guitarra a un costado y se volvió a sentar en el piano. El Gran Rex estaba repleto y la aplaudía sin parar luego de cada canción. Pero es muy grande el teatro. Regina es de esas artistas que daría gusto ver en un barcito de San Telmo, tomando un vino en una mesita a un costado del escenario. Y ella ratificó esta escena cuando sola en el piano tocó “Après moi”, uno de los temas más reconocidos de la artista. Emocionó esta canción. Asombró la simpleza con la que ella se desenvolvió en ese momento ¿No era que estaba mal de la garganta? No pareció. Hizo una extraña versión de “Poor Little Rich Boy”, del disco Soviet Kitsch del año 2003. Con una mano tocaba el piano y con la otra marcaba distintos ritmos pegándole con una baqueta a una silla que le alcanzaron los miembros del staff que estaban detrás de escena. Glorioso momento del recital. Luego de hacer el último tema de Far, “Man Of A Thousand Faces”, agradeció y se retiró.

Los bises eran lógicos. Tocó las extraordinarias “Samson” y “Us” para luego cerrar con su hit mundial “Fidelity”. Obvia pero inobjetable lista. Casi todo Far, los temas más reconocidos de Begin to Hope y tres temas de Soviet Kitsch (“Sailor Song”, “Poor Little Rich Boy” y “Us”). Ningún tema de sus dos primeros discos, 11.11 y Songs (aunque este disco empieza con “Samson”, se podría decir que tocó un tema del mismo, por más que la canción se haya hecho conocida en Begin to Hope). Saludó y rápidamente se fue. Todos pensábamos que volvía pero no. Se prendieron las luces y toco acabó. No presentó a su banda, no se quedó a recibir flores y cartas como hacen las damas que vienen a nuestro país y tocan en un teatro (recordar sino en los dos shows que dio Cat Power, la cantidad de minutos que se quedó la cantante recibiendo regalos de sus fans) y mucho menos se quedó largo rato saludando. Nadie dijo nada al respecto. Muchos se quedaron a esperarla a la salida del teatro. Todos esperamos lo mismo: que vuelva pronto. Ojalá ella algún día lea esta crónica y esta vez sí entienda nuestro vocabulario.

Nota: Gonzalo Penas




Emociones en un parque lunar: Pixies en Argentina

Pixies tocó por primera vez en Argentina. A continuación, la crónica de uno de los recitales más esperados del año.

“Ahora vienen los Beatles de los noventa”, dijo Cristian Aldana, cantante de El Otro Yo, cuando su banda terminó el set que recorrió sus más de veinte años de trayectoria. Los EOY no abusaron del tiempo en el escenario. Tocaron unos cuarenta minutos, haciendo un popurrí con los hits eternos de la banda, y se bajaron con grandes aplausos. Estuvieron bien y muy contentos arriba del escenario. Aprovecharon haber ganado el concurso que se hizo meses atrás para ver quién iba a ser la banda telonera de nada más ni nada menos que los Pixies. Aquella banda que abrió la puerta a todos los géneros musicales de los noventa, la que escuchaba una y otra vez Kurt Cobain meses antes de formar Nirvana, la que todos nosotros escuchábamos en nuestra adolescencia en un cassette mal grabado y rogábamos que alguna vez se editen sus discos por estos pagos. Aquella banda era y sigue siendo Pixies. Y en la catarata de bandas que vienen este año, por Internet o por revistas leímos hace algunos meses que venían por primera vez y a más de uno se nos cayó una lágrima. “Pixies en el Luna Park”. Miércoles 6 de octubre de 2010. Llegó la fecha. Entre algunas gotas de lluvia que caían por Buenos Aires, la gente entraba al mítico Luna para cumplir un sueño: ver a una de las bandas más importantes para sus vidas. Pasadas las 20:30, Black Francis, Kim Deal, David Lovering y Joey Santiago salieron a escena. Estaba el 100% del grupo. Por la tarde se había corrido el rumor que Kim no estaba en Buenos Aires por problemas de salud, se dijo primero que era por estrés, después que tenía una hernia pero fueron sólo bombas de humo.

Luego de unos segundos de silencio, el inconfundible redoble de batería y los riffs de bajo y guitarra de “Bone Machine” dieron comienzo a uno de los recitales más esperados ¿Los Pixies habrán escuchado alguna vez corear el riff de una canción? Si la respuesta es negativa se habrán asombrado y mucho. Porque si bien es normal que el público argentino siga la canción más allá de la letra, es algo que a muchas bandas internacionales les llama la atención cuando pisan por primera vez nuestro suelo. El Luna Park estaba lleno (las entradas, completamente agotadas) y tanto el público que estaba en el campo como los que estaban en las plateas cantaban hasta el punteo del primer tema del recital, inicio también de su primer disco editado en 1988 bajo el título Surfer Rosa. El recital no dio respiro. Continuó con otros clásicos de su primer LP, como “Broken Face” y “Something Against You”. Seguido a estas tres canciones, tocaron “The Holiday Song”, uno de los más festejados por el público, al igual que “Debaser”, tema que abre el segundo disco de la banda, el épico e histórico “Doolittle”. El escenario no tenía muchos chiches ni esas cosas de los grandes espectáculos a los que nos estamos mal acostumbrando. Sólo cuatro bolas gigantes que iluminaban la escena de colores verdes, rojas y azules, y ellos. Con eso basta y sobra.

Así se pasó la primera media hora de show y los clásicos seguían en forma continua. “Wave of Mutilation” provocó la emoción de todo el público, que cantaba a la par de Francis: “cease to resist, giving my goodbye / drive my car into the ocean / you'll think i'm dead, but I sail away /on a wave of mutilation”. El recital siguió con “I Bleed” y “Here Comes Your Man”, el mismo orden de canciones que tiene el disco. La gente, como era lógico, bailaba, se abrazaba, se reía y saltaba con esos riff tan pegadizos, tan necesarios y fundamentales en la vida de uno. Con el sonido en vivo de Pixies todo pareció volver veinte años atrás. Ellos prácticamente no se movían en el escenario, sólo daban pasos para adelante y atrás pero siempre muy metidos en sus instrumentos. El bajo tuvo un sonido muy marcado en cada tema, se podía distinguir perfectamente las distintas formas que utilizó Deal para rasguear las notas. Los punteos agudos de las guitarras sonaron tan puros como en los discos, sólo que con más distorsión y con un volumen tan ensordecedor como emocionante y asombroso. Muy interesante fue escuchar la estupenda versión de “Monkey Gone to Heaven” o el punteo de “La La Love You” para darse cuenta el origen de muchas bandas de los últimos tiempos posteriores a la Generación X. Nada parece haber cambiado en cuanto a lo musical para estos cuatro muchachos de Boston, y en vivo quedó demostrado.

Sorprendió escuchar en la mitad del concierto la canción “Gouge away”, tema que cierra “Doolittle”, y bien podría haber cerrado la primera visita de la banda a Argentina. Pero poco importaba el orden, la gente cantaba y gritaba a la par de Francis. Recién ahí, uno se daba cuenta de que la lista venía más o menos, por orden cronológico de sus discos. Y como todavía no habían hecho ningún tema de “Bosanova”, su tercer LP, editado en 1990, qué mejor momento para tocar “Velouria” y “Dig for fire”, los dos cortes de difusión de ese disco. Luego de esos temas, la cronología se rompió. El único momento donde el público pareció tomarse un respiro fue cuando escuchó atentamente el cover de Neil Young (“Winterlong”) que la banda trajo de regalo. Luego, los fans se dieron el gusto de escuchar en vivo dos canciones de su primer EP llamado “Come on Pilgrim”, publicado en 1987, y todo se convirtió en delirio. Mucho allí conocieron a la banda precisamente con estos dos temas, “Caribou” e “Isla de Encanta”, y el estadio entero cantó ambas canciones con cierta nostalgia de lo que estaba sucediendo en vivo. En el medio, tocaron “U-Mass”, del disco “Trampe Le Monde”, el cuarto y último disco editado por la banda. Luego de “Vamos”, y su espanmexicanenglish de la letra, se retiraron saludando en cada costado del escenario. Minutos más tarde, el agudo y reconocido coro de Deal en “Where is my mind” abrió los bises. Puedo asegurar que la mayoría del público tuvo la piel de gallina durante semejante clásico. Para cerrar la lista de temas sonó “Gigantic”, otro histórico de la banda cantado por la bajista, y cuando todo parecía terminado, se prendieron las luces del estadio, los integrantes saludaron unos minutos al público, pero el sueño no había terminado: ellos volvieron a cargarse sus instrumentos para cerrar el show con la segunda versión de “Wave of Mutilation” (para algún despistado, esta canción tiene dos versiones, la original y una segunda titulada “UK Surf”) y “Planet of Sound”. La gente con lo que le quedaba de fuerza, incrédula por lo que estaba pasando, seguía saltando y cantando, emocionados por este cierre. Volvieron a saludar y esta vez sí se retiraron del escenario.

A la salida, la mayoría compartía el mismo comentario hablando con sus amigos: que sonido fue increíble (un gran acierto hacerlo en un estadio cerrado y no al aire libre como serán muchos de los conciertos que se avecinan); el setlist fue perfecto (tal vez faltó “The Happening”, pero eso corre por cuenta del perfeccionismo obsesivo de quien escribe esta crónica), y ellos en vivo son palo y a la bolsa, como tanto nos gusta y como ellos acostumbran a ser en sus discos. Tan increíble como emocionante e histórico el concierto. Ahora sólo nos quedan los recuerdos y la nostalgia del día después y las anécdotas para contarle a la gente que conozca a la banda a partir de este momento.

Nota: Gonzalo Penas


Incubus: energía extrema

Con entradas agotadas y mucha expectativa, Incubus se presentó el 5 de octubre en el Luna Park, para presentar su trabajo más reciente: Monuments and Melodies, un repaso general de toda su carrera.

La entrada (muy parecida a un subtepass) para ver a los chicos de California, citaba a todos los fans a las 21, pero la puntualidad no fue una de las características de este show, ya que los rosarinos de Xpiral colgaron presentado su música a la multitud, y éste les respondió de buena manera con muchos aplausos. Una vez que los integrantes de la banda telonera dejaron el escenario, la media hora que demoraron en preparar los últimos detalles para que Incubus arrancara su show se hizo interminable. El público no se cansó de aplaudir, silvar y gritar en busca de que la banda apareciera de una vez por todas.

Ansiosos todos, el reloj marcaba las 21.30, y mágicamente se apagaron las luces del estadio: Brandon Boyd (voz, guitarra y percusión), Michael Einziger (guitarra), José Pasillas (batería), Ben Kenney (bajo) y DJ Chris Kilmore (teclados) tomaron posición de su territorio.

El público les dio una cálida bienvenida, y ellos a cambio un comienzo de gran intensidad con "Circles" y "Anna Molly". Con la sorpresiva "Nowhere Fast", el agite entre las masas se hizo cada vez más latente. Un clásico como "Nice To Know You", dijo presente y además saldarían una deuda que dejaron en la visita anterior interpretando "Pardon Me". Con la idea de bajar un cambio y generar un clima más relajado, el señor Brandon Boyd calzó su guitarra y empezó a tocar los primeros acordes de la bella "Oil and Water". Este clima iba a durar poco porque: a) Brandon se sacó su campera de cuero y casi hizo que las chicas se ahogaran en su propia baba; b) las inquietantes "Priceless" y "A Crow Left of the Murder" hicieron que el pogo ganara otra vez protagonismo. Siguiendo la misma línea interpretaron temas de los últimos discos como "Love Hurts", "Megalomaniac", "Quicksand", "Kiss to Send Us Off", "Punch Drunk" y "Look Alive". Después de este repaso arrancó "Aqueous Transmission", que dejó boquiabiertos a más de uno porque era inesperada en la lista y además porque sonó perfecta. Antes de que finalizara la primera parte nos dieron el gusto con más clásicos como "Drive" y "Wish You Were Here", en donde el público fue un intérprete más, cantando los estribillos de los hits más conocidos de la banda.

Y así, Incubus dejó el escenario más ovacionado que nunca. Se tomaron un pequeño break y la gente ya empezó a llamarlos, de vuelta, al ritmo de “OLE OLE OLE OLE OLE OLE OLE OLA, YO SOY DE INCUBUS ES UN SENTIMIENTO NO PUEDO PARAR”. La banda volvió y se copó con el cantito. Mike revoleó su guitarra y el resto usó las remeras que les tiraron sus fans. El show debía continuar, y con ese hermoso clima nos regalaron tres sorpresas: 1) Una "Just a Phase" que hizo emocionar a muchos; 2) Una canción nueva llamada "Surface to Air"; 3) Una potente "Have you Ever" que se transformó en un final inesperado, exactamente, a las 23.15.

Si algo hay achacar a estos cinco muchachos es que no pueden no tocar, aunque sea, un tema de sus primeros discos S.C.I.E.N.C.E y Fungus Amongus. También fue un error cerrar con "Have you Ever", que a pesar de que forme parte de uno sus trabajos más exitosos como lo es Morning View, dejó la sensación de que faltó algo. A veces no alcanza la extrema potencia y fuerza de un tema para determinar el cierre de un recital. “¿Stellar? ¿Dig? ¿Are You In? ¿Y Candela?”, comentó un espectador del recital, y errado no estaba, ya que cualquiera de estas tres canciones era la candidata ideal para un cierre perfecto. Igualmente, esto no alcanza para opacar el excelente desempeño en vivo. Brandon Boyd tiene una voz espectacular, no desafinó nunca, sonó siempre genial desde que comenzó hasta que terminó. En cuanto al resto de la banda, se puede decir que suenan demasiado bien, son enérgicos, y generadores de diferentes y mágicos climas. Así que amante de la música, si Incubus vuelve a visitarnos te recomiendo que no te lo pierdas, ya que te puede brindar una inolvidable presentación y hasta te puede convencer de que suenan mejor en vivo que en sus discos de estudio.

Nota y fotos: Luciana Burgos




miércoles, 29 de septiembre de 2010

Descargas AZ: Acme - Jon Spencer Blues Explosion


¡This is Blues Power! Así lo anuncia el presentador al principio del tema “Calvin” que da comienzo al genial disco Acme, de la Jon Spencer Blues Explosion. Después de varios segundos llegan desde los parlantes punteos irreverentes de blues con una pizca de actitud punky.

Jon Spencer, a lo largo de 13 temas, derrocha salvajismo y sensualidad con una voz cruda que cautiva y que tira melodías sobre las violas y las bases, de este power trío sin bajo, de modo que logran un combo prolijamente incorrecto y la banda más loca de punk blues, en uno de los discos más logrados de la década del 90.

Jon Spencer Blues Explosion = Banda de culto.

Sin más que decir, Enjoy!


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